COLOMBIA, UN CAMINAR SIN LOS PADRES
(Una mirada desde las Constelaciones Familiares)
“El que no conoce su
historia tiende a repetirla”
“Quien no sabe de
donde viene, tampoco sabrá para donde va”
“Quien no reconoce a
su padre y a su madre, nunca podrá encontrar su verdadero camino”
Sabias expresiones que intentan mostrarnos una realidad que no
hemos querido reconocer. Realmente es imposible, para cualquier ser humano,
encontrar su verdadero caminar sin siquiera reconocer donde esta ubicado su
punto de partida. Un buen explorador,
antes de iniciar su viaje, encuentra sus coordenadas actuales, referencia su
norte y con esta información se encamina a su meta. Así debemos enfrentar
nuestro camino.
El ser humano, como esencia espiritual, siempre sabe a donde debe
ir. No ocurre lo mismo con la persona, visto como la expresión de nuestra
personalidad o “ego-envoltura” del
espíritu, que generalmente no encuentra el verdadero camino y se embolata con
todas esas apariencias, puestas siempre para aparecer como no se es.
El ser humano actúa desde el corazón, las persona desde la mente.
El corazón tiene un solo sentir, la mente se distrae
con la información que le es transmitida por cada uno de los cinco sentidos y
siempre se ha confundido el pensamiento con el sentimiento, por eso se cree que
se expresa siempre lo que sentimos, y no observamos que esas expresiones,
generalmente, tienen un “adorno adicional”
que representa el miedo que tiene la mente del despertar del corazón para restituir
el orden con todo el amor que llevamos allí dentro y que nos conecta
directamente con el Uno, Padre-Madre o Dios.
Debe entonces darse reconocimiento que el orden, la jerarquía,
el vínculo y el equilibrio, como lo determinan las constelaciones, están
directamente relacionados con el equilibrio que pueda lograrse entre el hacer,
pensar y sentir; o también entre el cuerpo, mente y corazón, que es lo mismo
que el Padre – poder y voluntad-, Hijo – amor y sabiduría- y Espíritu Santo –sentimiento
universal-.
Si se atiende todo lo anterior como un principio básico de
conexión espiritual universal que debe conservar el ser humano en su trasegar
por la tierra, podría entenderse que cada hombre nacido en este planeta debe
reconocer su origen como representación de esa trinidad en la dimensión humana,
PADRE – MADRE – HIJO; siendo esto aplicable al ser como individuo, como familia
o clan, como organización social, ciudad, región o país.
Todo lo que existe tiene un orígen trinitario y cada cual debe
reconocerlo para establecer su orden y su equilibrio en relación con la Unidad Universal
y su efluvio conector, el Amor.
Cuando un individuo no reconoce a su padre y a su madre no
podrá conocerse como hijo, y como tal es imposible que pueda desempeñar
cabalmente su papel de Padre o de Madre para sus propios hijos; y es, entonces,
cuando se da inicio al desequilibrio en la relación de esa línea biológica
natural con la línea genética familiar y de ambas, con la esencia universal del
amor Dios-Padre-Madre. De allí que las
constelaciones familiares, otorgadas a la humanidad por Bert Hellinger, indican
que el principio básico de éstas es el reconocimiento que cada hijo debe hacer
de sus padres para que a su vez sus hijos le reconozcan como padre y así se
restablezca el orden, las jerarquías, el vínculo y el equilibrio entre el
recibir, tomar y dar. Un hijo “sin
padres” es un hijo perdido, divagando sin ruta, desde un origen desconocido
hacia un final incierto donde cualquiera a su alrededor puede asumir el rol de
padre, hermano, hijo y éste le reconocerá equivocadamente por que es
indispensable en la vida de la tierra tener siempre un padre, una madre y una
familia; es decir, o la reconocemos concientemente o el Universo nos las
compensa, de cualquier manera, pues lo importante es mantener el equilibrio total
así sea en detrimento de equilibrio individual o familiar, entre otras cosas
por que sólo aquel que admite lo que es suyo puede responsabilizarse de su
propiedad.
En este orden de ideas pensar en nuestro país, Colombia y los
colombianos, es encontrar la proyección de ese hijo que no ha dado lugar y
reconocimiento a sus padres. Observemos
por que:
Imagine un individuo en una de las plazas públicas de
cualquier ciudad de Colombia, con una bandera colombiana y dispuesto a encenderla,
como una señal de protesta. ¿Como sería
la reacción de las personas que pasan por allí en ese momento?, ¿Que actitud
asumirían los colombianos al conocer la noticia? Seguramente, de manera general, juzgarían que
quien esta procediendo así es un loco que no sabe lo que hace, que no merece la
atención, otros verían reflejado su deseo en esa persona que realiza esa acción
pero no lo sabrían reconocer, para otros será un hecho personal y no tendrá que
ver con ellos, y así sucesivamente aparecerán expresiones de indiferencia, por lo
que en la practica el caso pasaría inadvertido – ¿será, acaso, que ya haya
pasado más de una vez y no nos hayamos dado cuenta?- y sólo será una anécdota
de pocos y ni siquiera alcanzaría ser un dato folclórico para el recuerdo.
Ahora llevemos esa imagen, de quien enciende una bandera, a
una pequeña población de los Estados Unidos de América e imaginemos la reacción
de sus coterráneos. Muy seguramente la
indignación será muy grande, cada norteamericano, ancestralmente norteamericano
sin genes latinoamericanos, sentirá que le queman algo muy cercano de sí, la
identificación con su bandera le hará tomar este hecho como con un gran insulto
para si mismo y para sus congéneres, independiente del estado mental de quien
ejecuta esta acción será reprobada y juzgada conforme a las Leyes y normas, que
ellos mismo proyectaron en caso de que sucediera, y el caso tomaría una
connotación nacional.
Retrayendo el tema político y encarando la siguiente situación
bajo el aspecto de orden universal, consideremos lo que representa para
nosotros nuestra Constitución Nacional.
Acaso, le damos la dimensión apropiada a lo que algunos pensadores
nacionales han llamado “Carta Magna”, recordamos siempre escribirla con
mayúscula inicial cuando nos referimos a ella; se nota que cada que queremos
arreglar situaciones del país es más fácil realizar una reforma Constitucional
que aceptar y adoptar nuestro comportamiento social, político o económico a la
norma que nos ha regido. Es más cómodo
cambiar la Ley del hombre que cambiar las actitudes del mismo. De igual forma, es
mas viable demostrar poder cambiando normas que demostrando actitudes.
Ahora, sigamos observando otro escenario, ¿cuándo fue la
última reforma a la constitución de los Estados Unidos de América?, ¿con que
periodicidad la reforman para adaptar comportamientos y actitudes sociales,
políticas o económicas?, ¿como es la relación ciudadano americano leyes
americanas?. Realmente estos cambios han
sido pocas en mucho tiempo, la constitución es un documento de respeto, que no
se toca para nada, se sigue y se cumple al pié de la letra, y lo mejor, no se
irrespeta ni de palabra ni de obra.
Por que un comportamiento en unos nacionales de un país y el
por que la manera tan diferente de sentir las situaciones en otro territorio, independiente
de su desarrollo económico, social o geográfico, eso no es lo importante, lo
realmente válido es el reconocimiento de esa trinidad original del padre, la
madre y el hijo.
Veamos esto; que identifica a un país con el aspecto materno?.
Si tenemos en cuenta que la madre se
reconoce por el afecto y por la acogida, sería entonces la patria, el
territorio quien acoge a sus nacionales y le brinda protección, abrigo y
seguridad, nadie puede entrar al área geográfica de un país sin permiso so pena
de ser considerado invasor y violar las normas internacionales; aun las
embajadas ubicadas en territorios extraños son consideradas tierras propias de
esa nación que representan. Por lo tanto
es la patria la madre de los nacidos en ese territorio y su emblema
representativo es la Bandera, en tal caso ese tricolor expuesto en un asta es
la figura materna de nuestra madre como nacionales colombianos. Pero han notado que hacemos con nuestra
bandera?; sólo la utilizamos para ondearla cuando hay un triunfo en el fútbol,
llenarla de harina y agua, envolvernos en ella en medio de la borrachera; hay
que multar a los ciudadanos por que no la izamos cuando se celebran fechas
patrias, aunque realmente esta práctica no es verdadera, o cuantos han pagado
algún dinero por esta infracción o sienten pena, en lugar de burlarse del
vecino cuando este si coloca su bandera en la puerta o ventana de su casa. Ahora pregúntese, donde guardamos la bandera
cuando no la usamos, será en algún sitio especial de la casa?, no seguro que no.
En el inconciente colectivo, y por que nunca no lo han
enseñado adecuadamente, no esta impreso el respeto por este símbolo patrio y no
pasa de ser sino eso un símbolo del cual desconocemos su verdadero significado
como ciudadanos de un país. De tal manera,
puede verse como no reconocemos nuestra madre como ciudadanos colombianos, como
la irrespetamos y la excluimos de nuestra vida; conclusión, no sabemos quien es
nuestra madre, el hijo tiene una de sus mitades perdidas por su falta de
reconocimiento, para lo cual no cabe la discusión de que haya sido generosa,
benévola, haya dado buen trato o no, simplemente es la madre que nos
correspondió y a ella todo la honra y respeto como debe ser.
Pero si el tema de la madre es caótico, miremos entonces el
aspecto del padre. El padre, la figura paterna se reconoce en todo lo que
representa la autoridad, quien da los lineamientos en el comportamiento general
de los hijos, en este caso los ciudadanos de un país, y específicamente son las
indicaciones contenidas en la Constitución Nacional las que dan la pauta del
Padre, por que es esta quien representa la paternidad de los ciudadanos
colombianos. Ya se puede comprender,
basados en lo escrito anteriormente cual es el trato al padre, es un
desconocimiento total, se vive en constante enfrentamiento con el, se quiere
cambiar permanentemente, manipulamos sus ordenes y las acomodamos a nuestro
antojo. El hijo asume la posición del
padre, no lo reconoce y no le da su lugar.
Aun en el trato que le damos a quienes están representándonos en las
altas cámaras constitucionales, y mas profundamente cuando auscultamos los
criterios con los cuales los elegimos, dicen mucho de esa falta de respeto por
esa autoridad que representan. Entonces
nos encontramos con la otra mitad del hijo perdida, que es igual a un hijo sin
padres reconocidos que no sabe para donde va ni que hacer, además, se cree
grande y poderoso para ser su propio padre, dejando a su madre en el más
distante olvido.
Que diferente es cuando tenemos la oportunidad de conocer
otros ciudadanos de países que respetan su Bandera y su Constitución, igual
tiene problemas pero no de la magnitud y caos como los que se viven en
Colombia. El desorden esta implicado por
otras consideraciones más globalizadas, menos individuales, que seguramente
responderían mas rápidamente al colectivo, pero en Colombia hace falta
restituir ese orden, honrando, reconociendo y respetando al Padre y la Madre, representados
en los símbolos ya descritos.
Como al inicio de este tema lo expresaba, el universo siempre
busca la compensación para mantener el equilibrio con respecto a la Unidad o
Total Universal, y allí es donde se puede comprender el camino que están
siguiendo los colombianos al no reconocer sus propios padres, recordando que la
existencia en la tierra de todo ser biológico, jurídico, organizacional o
social debe poseer un padre y una madre y si no se reconoce concientemente a
los verdaderos, de cualquier manera los busca en quien pueda sustituirlos de
manera inconciente.
Los compatriotas en los últimos años han buscado como destino,
en su afán de encontrar fuente de recursos económicos, dos países en los cuales
se han constituido como de las mayores colonias de emigrantes. Estas naciones
son los Estados Unidos de América y España; ahora surge la pregunta ¿existe
alguna razón diferente a lo económico para que se escoja ese destino en quienes
buscan su liberación financiera?, podrá explicarse de muchas formas pero no nos
hemos detenido a analizar que podríamos, de esta manera, estar buscando a
nuestros padres. Ante nuestra falta de
reconocimiento individual de la paternidad de nuestra autoridad Constitucional
y de nuestra Maternidad Patriótica, muchos, como las guerrillas, los
paramilitares, políticos corruptos, Multinacionales, etc., han intentado ocupar
esos lugares, puesto que donde no se reconocen padres cualquiera puede asumir
ese papel y quienes salen en esa búsqueda de progreso económico sólo van al
encuentro del Padre representado por un país que tiene la autoridad económica,
legislativa y social en la mayor parte del planeta, que no permite que se
realice transacción o movimiento social, económico o político alguno si no
tiene su bendición y que con sus 27 Enmiendas Constitucionales (Colombia tiene
una Constitución de 380 Artículos y 60 más transitorios) legisla una población de 300 millones de
habitantes; en otras palabras va en búsqueda de la figura de autoridad que no
reconoce en el país natal.
Por el lado de la figura materna la búsqueda se encamina a
España, tierra que acoge a los Colombianos, no hay referencia en términos de
individualización de emociones y logros, pues el acoger bien o mal no es el
tema o la calificación que se desea analizar; se trata, pues, de ubicarnos en
el abrigo y acogida que la naturaleza humana del colombiano que trata
equivocadamente de hallar en la que se denomina como la Madre Patria , donde
“coincidencialmente” aún prevalece una figura monárquica, una protección
maternal, que le permita un desasosiego económico.
Es interesante encontrar la similitud que se da entre lo que
ocurre en un individuo con relación a su familia y lo descrito anteriormente de
una sociedad nacional con respecto a su país y sus leyes.
Entonces, tenemos un hijo que no reconoce sus verdaderos
padres, además se enfrenta a ellos y en muchos casos usurpa su lugar;
finalmente, resulta olvidándolos y emprendiendo una búsqueda ficticia de los
nuevos padres. Lo mas complicado del
caso es que, mientras tanto, esa generación perdida ha dado origen a una nueva generación que
esta creciendo sin padres, por que estos están buscando su raíz donde no deben
hacerlo y están ocupados buscando progreso económico en Estados Unidos o e
España en detrimento del futuro incierto para su descendencia.
Cuando hay orden hacia atrás hay orden hacia delante, por Ley
de correspondencia como es arriba es abajo, como es adentro es afuera, y todo
se repite bajo esa premisa. Por tanto,
cuando hay desconocimiento del Padre y Madre, se da el mismo desconocimiento
con los abuelos o se ubican en un papel equivocado.
Acaso nos hemos preocupado por reconocer a nuestros ancestros
españoles con amor, independientemente de que quienes vinieron a estas tierras
a colonizar tuviesen un destino de asesinos, ladrones, bandidos, etc., que es
como los calificamos sin detenernos a pensar que con todo eso no dejan de ser
nuestros ancestros. Desconocemos que si
ellos no hubiesen llegado a estas tierras nosotros no seriamos nosotros,
obligatoriamente seríamos otros seres y los actuales ciudadanos de este país no
existiríamos, por lo que se cumple con lo estipulado por Bert Hellinger cuando
afirma que lo único real, verdadero y obligatorio para un hijo es reconocer a
sus padres por lo que representan para éste en su existencia sin hacer juicios
de ningún tipo.
Caso igual o peor es cuando nos referimos, casi siempre en
términos desobligantes, a quienes son nuestros ancestros maternos, pues los
españoles llegaron abusando, violando y sometiendo a nuestras mujeres nativas (aún
en estos casos persiste la presencia del amor en el hijo fruto de esa unión,
según lo expuesto por Bert Hellinger) que fueron seres nacidos, criados y
aprendidos de la tierra propia, son nuestra sangre autóctona, los que nos unen
con nuestra madre tierra. Pero, que
tristeza cuando escuchamos a nuestros compatriotas utilizar términos
irrespetuosos, desleales y discriminatorios para nuestros indígenas, cuando no nos
inmutamos para nada cuando estos son agredidos o invadidos por personas que
buscan ampliar su propia frontera económica y de poder a costa de las tradiciones
culturales que nos recuerdan, insistentemente, nuestro origen ancestral.
Por ultimo, podremos encontrar un camino armónico alguna vez
sin antes hacer el ejercicio de reconocernos hijos de nuestros padres?, antes
de dar el lugar correspondiente a nuestros ancestros?, sin honrar y respetar
nuestros arquetipos?. Creo que no, es
imposible lograrlo de esa manera. Puede
alguien proponer una solución a esas alteraciones de orden, jerarquía y
equilibrios que cargamos cada uno de nosotros los colombianos; definitivamente
creo que si, actuemos en consecuencia a la tradición de nuestra fuerza materna,
impregnémonos de la fuerza paterna de nuestros ancestros, demos lugar en el
corazón a quienes hicieron posible que seamos los colombianos de ahora, sin
juicios ni calificativos, pues si ellos se equivocaron igual estamos haciendo
nosotros en la actualidad, la diferencia estriba en que tenemos la posibilidad
de brindar un futuro mejor a nuestros hijos y un descanso verdadero a nuestros
ancestros, para lograr algún día sentirnos amorosamente, no convenientemente,
orgullosos de haber nacido en Colombia.