Con la práctica de un procedimiento de muerte asistida en un paciente humano en Colombia, se ha dejado notar como que esta decisión, de realizar esto mismo en animales, fuese una rutina fácil para los Médicos Veterinarios.
Realmente quienes tengan esa sensación están en una muy triste equivocación. Cuando un paciente animal presenta condiciones físicas o emocionales de difícil retorno a una muy buena calidad de vida la eutanasia no se presenta a los propietarios o manejadores como una decisión veterinaria, es menester del profesional ofrecer a ese entorno humano que lo acompaña las alternativas que se tienen para actuar frente al caso que se tiene en frente como paciente, lo que incluye los pro y contras de las decisiones que se pueden tomar y aun en los casos donde la “mejor” opción es dar una muerte digna sin dolor ni sufrimiento se recomienda pero no se determina como una ejecución por parte del profesional.
Los médicos veterinarios somos seres humanos, sensibles a las emociones de nuestros pacientes y que debemos comprender y compartir las reacciones de cualquier decisión que se tome frente a la solución de una enfermedad o trauma de un animal, bien sea mascota o de granja o silvestre. De ninguna manera es fácil exponer esta alternativa para un profesional de la medicina veterinaria, mucho menos cuando tenemos la responsabilidad de velar por la salud física y emocional de quienes llegan en busca de ayuda profesional.
Es, además, muy importante determinar que la última decisión para autorizar la eutanasia de un ejemplar animal no la toma el Médico Veterinario, es una decisión de sus propietarios quienes finalmente lo hacen con base en los argumentos que el profesional les expone, por tal motivo cuando se practica la eutanasia la expresión común es “el veterinario le aplicó la inyección”, cuando realmente, para una sanación emocional de sus propietarios y la realización de un verdadero duelo, deberíamos decir “yo o nosotros autorizamos la eutanasia” con base en los argumentos expuestos por el o los profesionales veterinarios que lo trataron. De esta manera nos conectamos con la realidad de un procedimiento doloroso que bajo ninguna circunstancia es fácil de realizar, tanto para el Médico Veterinario como para los propietarios.
Una eutanasia en medicina veterinaria sin los argumentos suficientes es una carga bioenergética o karmica, si se quiere, muy importante que ningún profesional quiere llevar a cuestas, pues sería ir en contra de los principios éticos de la profesión y ciertamente, violar la Leyes del Universo.
LUIS FERNANDO CANIZALES M
MVZ